05 de noviembre de 2013 | Más Ciencia en la Prensa

Columna de Fundación Mas Ciencia en ChileB “La innovación que nos quitaron”

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“La innovación no tiene que ver con la ciencia”. Esta frase la hemos escuchado repetidamente a lo largo de nuestros casi tres años de campaña y de trabajo de la Fundación. Economistas, políticos, empresarios, comparten su opinión respecto a la innovación, afirmando que ésta no tiene que ver con la ciencia, que la innovación tiene muchas fuentes, que es una manera de pensar. Una verdadera fiebre “hipster” de la innovación. Algo que se “surfea”.

Lo que podría considerarse sólo como “una opinión” tiene consecuencias profundas para el debate actual que se desarrolla en Chile respecto a la investigación científica y a sus políticas de fomento. Dado que en Chile no existe una política pública formal de investigación científica (los programas existentes en Chile forman un cuerpo heterogéneo y que dudosamente podría ser considerada como política pública), se ha asumido que es al hablar de innovación cuando, de “pasada”, hablamos de ciencia. Ese supuesto es evidente al leer el Plan de Innovación al 2014 del Gobierno, o al evaluar los intentos de trasladar agencias ejecutoras de programas de I+D al alero del Ministerio de Economía, bajo el argumento de fomentar la innovación y la competitividad. Sin embargo, si a eso le sumamos este sentimiento creciente en el mundo tecnocrático respecto a que la innovación no tiene nada que ver con ciencia, entonces el panorama se vuelve desalentador. Seminarios se suceden cada semana para hablar de innovación, y en los que la ciencia destaca por su ausencia. El “Año de la Innovación” (más parecido a una versión renovada del Año del Emprendimiento), plagado de iniciativas en las que la ciencia también destaca por su ausencia, confirma esta visión de una innovación que pareciera ser independiente de los esfuerzos que un país hace en materia de investigación científica. 

Lo más llamativo es que el concepto de innovación nació (o se popularizó, dependiendo del autor al que se recurra) precisamente para fortalecer la relevancia de la ciencia como motor del desarrollo, sobre la base de comparaciones en el desempeño de los países (principalmente desarrollados) en términos científicos, económicos y de bienestar social. Este marco conceptual fue la base para establecer políticas públicas en la materia con elementos característicos, como instancias de toma de decisiones, evaluación de las políticas y coordinación horizontal, entre otros elementos que hemos mencionado en nuestra campaña. No se ponía en duda el papel fundamental de la I+D en las capacidades de innovación de una nación ni ayer ni incluso hoy, cuando la innovación ya es vista como una “manera de ver y hacer” cuyas fuentes son diversas.

Entonces, ¿qué explica este frenesí criollo por despojar a la innovación de la relevancia fundamental de la investigación científica? Hay algunos que explican este fenómeno desde el concepto de la “aplicación” de la ciencia: es la aplicación de la ciencia, más que la ciencia misma, la que es el motor de la innovación. Sin embargo, dicha explicación cae en el error de subestimar las comprobadas capacidades de la ciencia mal denominada “básica” para dar paso a aplicaciones que transformaron el mundo, o que lo transformarán en las décadas siguientes.

Otra explicación puede encontrarse más bien en las consecuencias de darle relevancia a la ciencia en el atractivo y suculento mundo de la innovación. Obligaría al mundo político, a ciertos grupos de interés, a académicos escépticos, a abordar de una buena vez los temas pendientes para la ciencia nacional: una nueva institucionalidad pública para la ciencia (que incluye, por cierto, el concepto de política nacional de ciencia y las instancias correspondientes de debate y toma de decisiones), mejorar la escuálida inversión en I+D, dotar a las regiones de capacidades para determinar una agenda propia de desarrollo científico local, mejorar las condiciones de los trabajadores de la ciencia, incentivar la divulgación y valoración de la ciencia, incorporar el propio conocimiento científico en la formulación de políticas públicas en otras áreas del desarrollo nacional, y otros temas que se nos quedan en el tintero.

Un artículo publicado hace un año en la revista Scientific American cuenta la historia de dos estudiantes (de pregrado y postgrado), que trabajan en un laboratorio universitario generando conocimiento y la tecnología que aplicará el sector privado en una industria determinada. No había menosprecio por la labor de los investigadores de postgrado ni por la ciencia como sustento fundamental de la innovación. Alemania, al igual que otros países líderes en ciencia, tiene una institucionalidad científica sólida de rango Ministerial, instancias de policy-making definidas y representativas (su Consejo de Ciencia es uno de los más antiguos del mundo), y políticas enmarcadas en planes nacionales concretos. Un año después de dicho artículo, Chile ni siquiera aparece en el grupo de los “aprendices” en el “Innovation Scoreboard 2014” de Scientific American. Y Alemania y los de siempre, siguen liderando la lista. La receta chilena ni siquiera nos está dando para llegar a “aprendices”. Y quizás esta insistencia en negar el valor que tiene la investigación científica para la innovación (y la renuencia para resolver los problemas de la ciencia misma) nos está pasando la cuenta, especialmente ahora que el “Año de la Innovación” se acerca a su fin.

Pablo Astudillo
Fundación Más Ciencia 

FUENTE: 5 de Noviembre 2013, Chile B

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Hay un comentario

  1. Hoy día, antes de leer este artículo, reproduje un artículo que escribí en mi Facebook en julio del 2010.
    Este artículo y otros en mi blog se refiere a la creatividad, a la innovación, a la investigación científica, a la calidad de la educación y otros temas.
    La innovación claro que tiene que ver con la ciencia. Es a través de ella que innovamos y creamos nuevos sucesos, eventos, etc. Pero tambien tiene que ver con otro asapecto de la ciencia que es la forma de pensar. Un enfoque cartesiano o una epeistemología desde la complejidad y la mecánica cuántica nos dan resultados muy distinto en creatividad e innovación. Se trata entonces de ciencia para hacer ciencia.

    http://www.pensarlopensado.com/2013/11/saben-todo-esto-nuestros-diversos.html

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