09 de enero de 2017 | Opinión

“Hacia una política pública de ciencia y tecnología” Carta de Mario Hamuy, Presidente de CONICYT

Mario Hamuy

En los últimos meses, los temas de políticas públicas de ciencia y tecnología han estado muy presentes en el debate, especialmente en lo que se refiere a la falta de recursos para la investigación. Si bien el Estado invierte en la actualidad cerca de $650 mil millones al año en ciencia, tecnología, innovación y desarrollo, lo que corresponde al 0,4% del Producto Interno Bruto (PIB) -aún muy por debajo de las necesidades del país en este ámbito-, es importante destacar que la inversión pública se ha duplicado en los últimos 10 años. Las principales agencias del país que administran estos fondos son Conicyt y Corfo; la primera, a cargo del financiamiento en el ámbito de la formación de recursos humanos avanzados y del desarrollo científico/tecnológico del país, y la segunda, del fomento al emprendimiento y la innovación tecnológica y empresarial.

En el presupuesto público propuesto por el Gobierno para el año 2017, y luego de la discusión parlamentaria, Conicyt verá aumentado su financiamiento en relación con 2016 en cerca de 3.700 millones de pesos, lo que corresponde a 1,2% de aumento real. Es importante destacar que $2.300 millones de los recursos frescos serán para el programa Fondecyt, con especial foco para apoyar la investigación de los jóvenes que se están insertando en el país.

En el Consejo de Conicyt entendemos que se trata de un importante esfuerzo, que valoramos, dado el contexto actual en que el Gobierno está focalizando sus esfuerzos, principalmente en materias de educación y salud. Fundamental para este incremento fue la discusión parlamentaria, en la cual tanto la ministra de Educación y el ministro de Hacienda, como senadores y diputados de todo el espectro político se mostraron transversalmente de acuerdo con la importancia de este tema para el país.

Habitualmente, la discusión de los desafíos en ciencia y tecnología se centra en el tema presupuestario, pero no hay que olvidar que es tan importante hablar del “cuánto”, como abordar el “cómo” y “para qué” se necesitan más recursos. Abordar lo último es fundamental para discutir lo primero. Es con esta mirada que el Consejo de Conicyt está actualmente abocado a definir políticas institucionales en ciencia y tecnología. En primer lugar, estamos revisando nuestros instrumentos actuales y diseñando nuevos instrumentos. Una de las tareas es focalizar las becas de postgrado de acuerdo con los intereses del país e incrementar la capacidad que tenemos para insertar a los jóvenes investigadores. También estamos trabajando con el objetivo de fortalecer la investigación asociativa y establecer una política nacional de centros de investigación, que nos permita dar coherencia al sistema, evitar duplicidades de esfuerzos y abrir espacios para que la ciencia se ponga al servicio de los desafíos país.

En segundo lugar, durante el año 2016, el Consejo participó en el comité técnico multiministerial para el diseño del futuro Ministerio de Ciencia y Tecnología, proyecto de ley que próximamente será enviado al Congreso Nacional, y desde el Consejo se está elaborando una propuesta para la reorganización del servicio sucesor de Conicyt en el contexto del nuevo ministerio, con la perspectiva de alinear políticas, instrumentos y financiamiento.

La Conicyt fue creada en 1967. En estos años ha experimentado diversos cambios, la mayor parte de los cuales se han realizado en ausencia de planificación estratégica o en el marco de un programa de desarrollo a mediano plazo. En la actualidad administra anualmente US$ 460 millones, atiende más de 10.000 investigadores activos a través de sus principales programas, gestiona y administra 5.000 becas nacionales e internacionales para estudiantes de doctorado y magíster, y supervisa el desarrollo de 42 centros de investigación (Fondap, basales y regionales). Cuando estamos ad portas de nuestro cincuentenario, Conicyt cuenta con un Consejo que está abordando múltiples desafíos de políticas públicas, lo que nos permite vislumbrar un futuro promisorio.

FUENTE: 9 de enero 2017, El Mercurio

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