Movimiento Ciudadano

La ciencia ha demostrado, a lo largo de los años, ser una disciplina fundamental para lograr el desarrollo. La investigación científica, en sus diversas ramas, nos ha dado los avances del mundo moderno: la cura para cientos de enfermedades, tecnologías como la televisión e internet, formas de producción energética más eficientes, un entendimiento del mundo y las sociedades, tecnologías para mejorar la producción agrícola, ganadera y para mejorar los procesos industriales junto a innumerables avances en todas las disciplinas del conocimiento.

Chile es líder en investigación científica en Latinoamérica. En nuestro país se generan más publicaciones científicas por habitante que en Argentina, Brasil y México. Además, las publicaciones de los científicos chilenos son más citadas que la de estos países, lo que equivale a un reconocimiento al trabajo y la calidad de nuestros investigadores. Por si esto fuera poco, el Índice de Capacidad en Innovación del año 2009-2010 nos sitúa como el país latinoamericano mejor evaluado.

Sin embargo, la cruda verdad es que la ciencia chilena se encuentra estancada y en una situación crítica. El financiamiento para la creación de nuevo conocimiento ha estado paralizado por más de una década y nuestros científicos están comenzando a migrar a otros países en busca de mejores oportunidades.

Si bien se ha discutido mucho sobre la importancia de la innovación y el emprendimiento, y se han propuestos cambios institucionales y nuevas iniciativas, todas estas están destinadas al fracaso al no considerar un punto clave: es imposible innovar sin el desarrollo de las ciencias, en todas sus formas. El desarrollo e impulso de la investigación científica es el pilar de la innovación.

Nos hemos conformado con un complaciente “primer lugar” regional y hemos abandonado el desarrollo y fortalecimiento que la ciencia chilena necesita. No es concebible alcanzar el desarrollo sin contar una “política de estado”, decidida y eficiente en materia de investigación científica y en términos de formación de profesionales competentes en todas las áreas de las ciencias. Política que nuestro país no posee.

Organismos internacionales como el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), junto con organismos nacionales como el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC), la Academia Chilena de Ciencias y el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH) han diagnosticado las principales falencias del manejo de la ciencia chilena y la importancia de contar con una Institucionalidad adecuada.

Las experiencias exitosas de otros países, especialmente los miembros de la OCDE, nos muestran un camino claro donde la ciencia juega un rol fundamental. Es deber tanto la ciudadanía como de nuestros gobernantes tomar las medidas necesarias para dar el próximo gran paso que nuestro país necesita.

Así nace Más Ciencia para Chile, una iniciativa que tiene como objetivo fundamental abrir el debate respecto a la urgente necesidad de que Chile tenga más ciencia y tecnología. Creemos que apostando por aumentar la cantidad y la calidad de la ciencia que se hace en nuestro país, bajo una institucionalidad adecuada, lograremos el impulso necesario para alcanzar el desarrollo.

Este movimiento ciudadano se basa en el diagnóstico de cuatro aspectos fundamentales sobre la situación de la Ciencia y Tecnología en Chile:

Chile necesita una nueva institucionalidad para las ciencias


Palacio de La Moneda

Chile ha ingresado recientemente a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), cuyos países líderes en investigación poseen una institucionalidad científica clara, centralizada y autónoma. De los 33 países miembros de la OCDE, 23 poseen ya sea un Ministerio de Ciencia, o un Ministro de Ciencia. En algunos países, existen Ministerios que abarcan la gestión de la ciencia y la educación superior (e incluso el deporte) en conjunto, pero poseen ministros independientes para cada una de estas áreas. En contraste, sólo 4 de estos 33 países poseen una “agencia” o algún organismo autónomo no incluido de manera directa en un ministerio; Chile es uno de esos países. Lamentablemente, 3 de ellos se cuentan entre los peores evaluados en los indicadores de ciencia antes mencionados. Las cifras demuestran que nos encontramos muy lejos de países miembros de la OCDE como Suecia, Finlandia, Japón, Estados Unidos, Alemania, y muchos otros.

CONICYT, el actual organismo que cumple con la misión de promover la formación de capital humano avanzado y de la base científica y tecnológica del país, no cumple con los requerimientos y estándares necesarios en los tiempos actuales. Su actual dependencia del Ministerio de Educación ha sido criticada por el Consejo Nacional de Innovación por la Competitividad (CNIC) y el mundo científico y académico han sido enfáticos en la necesidad de fortalecer a CONICYT elevándolo de categoría institucional.

Se requiere de una nueva institución, con autonomía y dependencia directa de la Presidencia, con la autoridad y el rango adecuados para resolver los problemas contingentes y adoptar las políticas necesarias para el fomento de la investigación científica. La mayoría de los países miembros de la OCDE han logrado aquello mediante la creación de Ministerios de Investigación, Ciencia y Tecnología.

Chile necesita fortalecer su inversión en investigación y desarrollo


Proyecto Parque Científico y Tecnológico del Biobío

¿Cómo es nuestra realidad al evaluar la inversión en ciencia con los demás países miembros de la OCDE? Chile también es uno de los países con mayor déficit. Somos el sexto país con la menor inversión en ciencia. Al año 2004, sólo 8 de los 33 países miembros invertían menos del 1% del PIB en investigación y desarrollo; entre ellos se encuentra Chile. Hoy, el gobierno Chileno ha reconocido que la inversión en investigación y desarrollo es de un 0,4%, comprometiendo un esfuerzo para alcanzar cifras de un 0,8% del PIB. En cambio, los países de la Unión Europea buscan alcanzar un 3% del PIB, cifra que consideran mínima para transformar Europa en una “economía del conocimiento, para potenciar el crecimiento económico, crear más y mejores trabajos y asegurar una larga prosperidad en Europa”.

Claramente una meta del 0,8% del PIB hacia el año 2018 es absolutamente insuficiente, especialmente si se trata de inversión privada. El Estado Chileno debe plantearse seriamente una meta de inversión cercana al 2% del PIB, cifra cercana al promedio de inversión de los países miembros de la OCDE. Del mismo modo necesitamos generar un escenario donde se incentiven a las personas y a las empresas a invertir en ciencia, tecnología e innovación.

Asimismo, nada se logra si dicho incremento no se traduce en el fortalecimiento de la ciencia de base, pilar de la investigación aplicada y sustento de la innovación. Necesitamos incrementar sostenidamente tanto los proyectos FONDECYT regulares y de iniciación, como las becas postdoctorales y los mecanismos de inserción de investigadores en la academia y la industria nacional.

La generación de nuevo conocimiento se encuentra actualmente estancada debido a las actuales partidas presupuestarias (Ley de Presupuestos 2011). Sin aumentar sostenidamente la inversión en la ciencia chilena no podremos alcanzar las metas que como país nos hemos propuesto.

Si bien se ha discutido mucho sobre la importancia de la innovación y el emprendimiento, no se ha considerado un punto clave: es imposible innovar sin el desarrollo de las ciencias, en todas sus formas. Contar con una verdadera “política de estado”, decidida y eficiente en materia de investigación científica y en términos de formación de profesionales competentes en todas las áreas de las ciencias, corresponde a una prioridad que nuestro país debe asumir.

Chile necesita aumentar el número de investigadores y crear mecanismos de inserción


Investigadores

En comparación con los países miembros de la OCDE, el panorama es francamente desolador. El número de investigadores en Chile es uno de los más bajos del grupo (832 investigadores por cada millón de habitantes al año 2004), situándolo como uno de los peores entre los países miembros. Es más, de los 33 países que conforman este organismo, sólo 3 tienen menos de mil investigadores por cada millón de habitantes, siendo Chile uno de ellos. Como ejemplo, Finlandia, en el mismo período tiene más de 7800 investigadores por cada millón de habitantes, casi 10 veces más que nuestro país.

De esta forma, nuestro país debe fortalecer, en primer lugar, el actual sistema de becas, tanto de pregrado como de postgrado y potenciar los programas de formación de capital humano avanzado, buscando un equilibrio entre la formación de profesionales en Chile y el extranjero. Debemos aspirar a tener por lo menos 2500 investigadores por cada millón de habitantes, cifra incluso menor al promedio de los países de la OCDE. Del mismo modo, los programas de desarrollo de capital humano avanzado deben estar englobados en una política pública integral, que considere los mecanismos de inserción y la entrega de herramientas para que estos nuevos investigadores puedan contribuir al desarrollo del país.

Chile necesita adoptar políticas de difusión de la investigación científica nacional


Túnel de la Ciencia de Institutos Max Plank en Valparaíso

Nuestros ciudadanos poseen una baja valoración de la ciencia y de los investigadores, como lo ha demostrado un reciente estudio iberoamericano (1). El Estado debe fomentar la difusión de las investigaciones nacionales en diversos medios, a través de programas de enseñanza en colegios y escuelas, y de programas comunales y/o nacionales. Complementariamente, se deben revisar los programas y contenidos educacionales con el fin de mejorar la enseñanza de las ciencias en Chile, y fomentar la creación de bibliotecas y laboratorios a nivel escolar. Las iniciativas existentes siguen siendo insuficientes. Tenemos la firme convicción de la vital importancia de que exista un compromiso a nivel país sobre la difusión no sólo de las ciencias, sino que de la ciencia chilena y la contribución de nuestros científicos e investigadores al conocimiento y desarrollo del país: espacios que hoy son prácticamente inexistentes.

1. Cultura científica en Iberoamérica: Encuesta en grandes núcleos urbanos. Proyecto Estándar Iberoamericano de Indicadores de Percepción Pública, Cultura Científica y Participación Ciudadana (2005-2009). FECYT, OEI, RICYT, 2009